30 junio 2014

Si estás leyendo esto, Vincent Finch está muerto


       
       Me llamo David Suárez, tengo 22 años y, para bien o para mal, soy el papá de Vincent Finch.

       Vincent Finch nació hace casi 5 años, cuando yo cursaba segundo de bachillerato en Santiago de Compostela. La idea de crear al ser humano más repulsivo de la historia estaba todavía en una fase embrionaria, pero ahí estaba. Supongo que siempre estuvo ahí. 
      Por aquel entonces necesitaba desesperadamente vomitar mis defectos más horribles, reconocer todas las cosas que me avergonzaban de mi mismo, y exorcizar ese incómodo auto-odio creando un personaje que fuese mucho peor que yo. Pensé que, si elaboraba un anti-modelo de conducta, tenerlo como referencia me ayudaría a saber cómo no debo comportarme en la vida. Y realmente ayudó.
      Partiendo de que el personaje es una desfiguradísima versión de mi mismo, es lógico que muchas escenas hayan surgido de preguntarme qué pasaría si dijese ciertos pensamientos en voz alta (la escena de Carlos Areces es un buen ejemplo). Pero Vincent Finch (por entonces barajaba nombres como Víctor Fincher) es un Frankenstein de mucha otra gente: se inspiró además en mi padre, en mis amigos, en mis compañeros de la carrera, y probablemente en casi todo el mundo que conozco.


       Pero Diario de un ego surge también de haber descubierto hace unos años, con absoluto pasmo, la versión británica de The Office. Enseguida me fascinó el patetismo de las escenas, la comedia amarga, las situaciones con subtextos muy fuertes, el deslumbrante realismo de las actuaciones, los silencios incómodos, la ausencia de música extradiegética, las correcciones en los zooms, el condicionamiento de la cámara como personaje, el cinismo de los personajes durante los testimonios, la atmósfera depresiva, la importancia de lo que no se dice por encima de lo que se dice… Todo en The Office era brillante. Y por increíble que parezca, diez años después de su estreno, nadie había probado a hacer algo así en España. No tardé en darme cuenta de que la propuesta de Gervais de reflejar la miseria humana en su mockumentary casaba a la perfección con el personaje que estaba empezando a cocerse en mi cabeza. Las señales eran claras: era una estupidez no hacerlo.
       Escribí la primera versión del guión en primero de carrera, hace ya cuatro años. En segundo empezó el rodaje. En 2013 monté la serie y, el 1 de junio de ese mismo año, se estrenó. Sin patrocinios, sin ayudas. Sin nada. Algunas escenas en Santiago me había ayudado a grabarlas mi madre. En Madrid la cosa era distinta: teníamos un palo de escoba como pértiga. Eso sí que era lujo.
       Hoy ha pasado poco más de un año, y el canal pronto llegará a los 4 millones de reproducciones. IMDb nos ha puesto un señor 8'9. Según Film Affinity somos la mejor comedia del 2013 (por encima de La gran familia española y Las brujas de Zugarramurdi). Hemos obtenido los premios a Mejor contenido online y Mejor actor en el Festival Español de Webseries. Plataformas como Neox, Canal Plus, Fotogramas, Radio Televisión Española, los 40 principales, la Cuore, la web de Antena 3, Infolibre, Despierta abuela, VayaTele, y La voz de Galicia, han dicho cosas muy buenas sobre nuestro trabajo. Y lo mejor de todo: hemos obtenido el respeto y la amistad de gente como Berto Romero, Raúl Cimas, Álvaro Carmona, Loulogio, Tomás Fuentes, o los Venga Monjas.


       Gracias a esta serie me he demostrado a mi mismo que es posible: arruinar la boda de unos desconocidos (sí, lo del primer acto es completamente real: aun a día de hoy no tengo ni idea de quiénes eran los novios), escribir una escena 20 minutos antes de rodarla (concretamente la de Dani Mateo, que se escribió en el tren de ida a las instalaciones de La Sexta), interrumpir la retransmisión de Telemadrid de un tablao flamenco (joderle el día a día a desconocidos es mucho más barato que contratar actores de verdad), hacer comedia no necesariamente de izquierdas, desnudarse en invierno en plena casa de campo (hogar por excelencia de los yonkis y prostitutas madrileñas), rodar entre Santiago de Compostela y Madrid (mi abuela y mi hermano viven en Santiago, por eso nunca veréis una escena en la que salgan interactuando con el resto de personajes), empezar una serie hablando de la propia serie y que funcione (metalenguaje en España y todavía ningún fallecido por explosión cerebral ¡viva!), hacer humor con la esclerosis múltiple y no tener que pedir perdón por ello, grabar en el metro sin autorización, escribir seis capítulos de comedia sin chistes de pedos, entrar a hurtadillas en los premios Forqué, o asaltar a una monja con un pene de goma.
       Pero también gracias a esto sé lo que es trabajar en Visto lo Visto, dar conferencias sobre aquello que te apasiona, hacer un casting con Buenafuente, que Dani Mateo te felicite por tu imitación de Jim Carrey, que tu serie se convierta en el primer Trending Topic de España, ver a tu personaje convertido en un disfraz de Halloween, ser una opción en el Akinator, que el "Yo podría trabajar en la Fnac" se convierta en un meme, descubrir camisetas pirata del personaje, recibir tus primeros fan-arts, que te envíen más de 200 fotos de gente no celebrando la Navidad, ver un gif con la cara de tu abuela, dar las campanadas con Cañita Brava, e incluso actuar en un teatro grande con Toni Nievas. Y solo ha pasado un año.



       Cuando llegué a Madrid en 2010 las redes sociales todavía no se habían convertido en una prioridad obsesiva, pero ya era bastante evidente que los niveles de narcisismo que estaba alcanzando Occidente acabarían provocando algún día el colapso de la raza humana en su propia diarrea ególatra. Y ahora, casi 5 años después, la cosa es mucho peor. Vivimos mejor que nunca, pero creo que es el momento histórico en el que, con diferencia, damos más repelús: el selfie, grabarte a ti mismo con una GoPro, indicar desde donde estás tuiteando, publicar tu día a día, compartir lo que haces en todo momento, tener un blog sobre nada en absoluto. Fotos a platos de comida, fotos a tus pies, fotos a tu cara, fotos a tu ojete… Nos estamos volviendo cada vez más imbéciles y la humildad se ha ido hace tiempo dando un portazo. Hemos logrado convencernos a nosotros mismos de que somos estrellas del rock, de que nos están admirando constantemente y de que debemos transmitir una imagen de éxito social, amoroso y económico. Ya no se trata de ser feliz, sino de que los demás piensen que somos felices. Lo peor es que somos tan ingenuos que nos creemos que nuestras vidas le importan a alguien más que a nosotros mismos, cuando la realidad es que estamos tan solos como estábamos antes. El mundo necesita una cura de humildad. Una hostia en la cara. Un espejo en el que ver los monstruos ególatras en los que nos estamos convirtiendo. Y de esa necesidad de reflejar la situación de auto-paja social en la que estamos metidos, surge Vincent Finch.


       Sé perfectamente porqué funcionó la serie. La serie funcionó porque, nos guste o no, todos somos un poco así en el fondo. Simplemente, Vincent Finch es el único que lo dice en alto. De esa identificación nace el éxito de algo tan repulsivo. Así funciona la comedia muchas veces. De ahí que la gente acabe viéndose los seis actos enteros por mucho asco que les dé el personaje. Quieren ver al monstruo actuar porque, en realidad, quieren contemplarse a si mismos sin sentirse culpables. Ver los toros desde la barrera. Quieren señalarlo y poder decir "¿Ves? Al menos yo no soy como ese", y sentirse así mejores personas. Pero en lo único en lo que nos diferenciamos de este insecto es en que nosotros somos animales domesticados y sabemos que algunas cosas es mejor callárselas para no quedarse sólo en el mundo (y menos mal).
       Vincent Finch no es sólo un hipster. La palabra hipster o moderno hace referencia a un tipo de individuo muy específico, con una apariencia y unos gustos determinados. Por supuesto que el término alude a un comportamiento preciso, pero éste no implica que la persona, además, sea una ególatra. Con Vincent Finch quise representar a un prototipo de persona diferente. Alguien que no solo era un hipster, sino muchas otras cosas horribles. Pronto entendí que lo que quería reflejar era algo a lo que todavía no se le había puesto un nombre. Era un espécimen que todavía no había sido bautizado con un término directo y concreto. El individuo que yo quería enseñar no era únicamente un hipster: era también un narcisista despiadado, un progre de boquilla, una maruja insoportable, un cínico repulsivo, un monstruo sin empatía, un artistilla de poca monta, un patético mentiroso, un cáncer social, y un vanidoso obsesionado con su aspecto. Ahora, cuando alguien que ha visto la serie se encuentra con alguien de esta calaña, en vez de señalarlo y decir "Mira, es un hipster-ególatra-narcisista-despiadado-pseudo-progre-maruja-insoportable-cínico-repulsivo-monstruo-artistilla-patético-mentiroso-vanidoso", dice "Joder, otro Vincent Finch". Esa intención por lograr que el personaje llegase a ocupar, aunque fuese, un minúsculo nicho en las catacumbas más minoritarias y abisales de la cultura de internet, siempre estuvo ahí. Y creo que, al menos a pequeña escala, lo conseguimos.



       Desde el principio quisimos que la gente pensase que el personaje era real. Es mucho más divertido cuando no sabes si algo es ficción, pues la confusión se convierte muchas veces en el mejor aliado de la comedia. De ahí que el personaje tenga una filmografía real, un libro de su autoría, y un blog que puedes consultar. Incluso el hecho de que el propio Joaquín Reyes se pregunte en el sexto acto si se trata todo de un guión prefijado ayudó a avivar el fuego de la duda. Lo que no imaginamos nunca es que tanta gente fuese a creerse a pie juntillas el engaño. Comentarios como "¿Pero esto es de verdad?" son todavía de los más frecuentes diariamente en el canal, lo cual es una significativa muestra de lo bien que funcionó la farsa. Ese desconcierto en la audiencia jugó siempre a nuestro favor, pero es cierto que en ocasiones llegó a dar miedo lo bien que funcionaba. Son muchas las personas que no solo no se dan cuenta de que todo es teatro, sino que toman a Vincent Finch como un modelo de conducta. Mi intención fue siempre crear un símbolo de lo que no debe ser nunca un ser humano, un enorme cartel de "Nos estamos volviendo subnormales". Pero ha acabado por convertirse en una especie de héroe en internet. Eso da mal rollo.
       Siempre concebí al personaje como una enfermedad que campaba a sus anchas. A Concha, Paco, y Samuel (subtitular a este último aunque se le entendiese perfectamente me parecía un detalle hilarante) como un reflejo cómplice de los espectadores. A Robleda como la aplastante realidad que finalmente golpea a Vincent. Y por último a Miguel, el hijo, como el corazón de la serie. El niño es el único atisbo de inocencia que todavía no ha sido envenenado, una flor en medio de todo ese desierto pútrido. Y resulta tan fascinante porque, aunque todavía no ha sido corrompido por su padre, sabes que por su culpa jamás llegará a desarrollar una adultez feliz. Y lo peor es que el espectador no puede hacer nada por impedirlo: solo puede mirar. Miguel es el personaje más importante, pues quizás sin él la serie sería demasiado amarga. De ahí que las cabeceras sean tan estridentes y coloristas. Todo ese ambiente de colores saturados y blanco Apple (por algo el 90% de las escenas son de día), generan el contraste perfecto con la fuerte temática de patetismo y miseria que trata la serie.


       Escoger el formato de falso documental ayudó a que muchos errores pasasen desapercibidos (que la gente de la calle mirase directamente a la cámara no supuso en nuestro caso un problema, pero en una ficción hubiese sido imperdonable). Muchas cosas se convirtieron posteriormente en chistes, pero no habían nacido como tal: el gorro de productor musical del sexto acto responde únicamente a la necesidad de ocultar lo corto que tenía el pelo por entonces, la perilla es pintada con boli pilot porque yo hasta hace poco era imberbe (y las perillas de las tiendas de disfraces no me convencían), y las gafas de Vincent no llevan cristal por mi obsesión con que el cámara saliese reflejado en la lente (esto, curiosamente, le añadió riqueza al personaje). 
       Recuerdo que una de las primeras escenas que monté fue la de "Mi abuelo ha muerto". Se la enseñé a mi madre y, al acabar de verla me miró con cara triste y me dijo "David… esto no está bien". Supe que iba por buen camino. Ahora, en cambio, cuando veo la serie, veo quinientas cosas que cambiaría. Por ejemplo, la cena del quinto acto fue la primera escena que se grabó. Se nota porque yo tenía por entonces 19 años y la cámara que usaba era una mierda. Viéndola ahora me arrepiento de haberla metido.






       Todo en Vincent Finch es una enorme postura. Incluido su apodo, el cual no deja de ser la traducción inglesa de su verdadero nombre: Vicente Pinzón. El hecho de que el personaje lo camuflase con el pseudónimo que todos conocemos (probablemente porque Vicente sonaba demasiado mediocre para él), añadía a este insecto una capa más de falsedad.
       Los famosos llegaron una vez que el guión estaba acabado. No dejé pasar la oportunidad de hacer un homenaje a Extras haciendo que Vincent le soltase a cada uno aquello que todos pensamos pero que nadie se había atrevido a decirles a la cara. Mucha gente llegó a pensar que éramos guionistas de La Sexta, que de ahí venían los contactos, pero lo cierto es que todo fue a base de moverse y de extremadamente pesados. Otra de esas cosas que no te enseñan en la URJC.
       Los chistes de gallegos son un reflejo exagerado de cómo me sentí mi primer año en Madrid. Es cierto que jamás ningún madrileño se rió de mi por ser de Santiago de Compostela, pero también es cierto que al principio noté una cierta infravaloración. Esperan que siendo gallego puedas hablar, pero se sorprenden cuando ven que eres un hobbit tan inteligente como ellos (mi venganza fue dotar a Vincent de ese pedante acento madrileño y de ese insoportable "¿vale?" tan propio de la capital). Pero lo más triste fue leer los comentarios de algunos gallegos que, en vez de demostrar signos de inteligencia y tomárselo con humor, prefirieron ofenderse. Quizás a estos sí que les costase un poquito más.


       Creo que el final de la serie es un final realista, pues a pesar de que es arrestado, Vincent Finch acaba paradójicamente obteniendo lo que quiere: convertirse en una figura mediática y en un director de cine de prestigio. Evidentemente un individuo así no se merece otra cosa que no sea la cámara de gas, pero si mirásemos a nuestro al rededor (concretamente a personajes como Mario Vaquerizo o Risto Mejide), comprenderíamos que esto pasa con más frecuencia de la que pensamos. Después de todo, Vincent Finch no es una caricatura tan alejada de la realidad.
       Es curioso que hace justo un año no hubiese webseries sobre modernos en España, y que ahora haya unas 30. Sin embargo no me siento muy identificado con términos como "webserie" o "youtuber", pues estos tienen unos códigos y un lenguaje propio que yo no utilizo generalmente. Aunque suene a soberbia, cuando hago algo siempre lo concibo como un producto cinematográfico o de tele privada. Me siento más identificado con la comedia, el arte, y los dibujos animados. Es ese mundo en el que quiero meter el pene.


       No se puede vivir de internet, al menos no de momento, y quién diga lo contrario es un perroflauta y un mentiroso. Lo que sí es cierto es que internet es la mejor plataforma para mostrar qué es lo que sabes hacer. Ese es tu currículum, tu carta de presentación. Si te lo curras y haces algo diferente, te verá alguien con pasta. Y si eres verdaderamente bueno, ese alguien querrá apostar por ti.
      Internet nos ha enseñado que ya no hace falta dinero para sacar un disco, rodar una película, o hacer una serie. Solo un par de amigos y mucho esfuerzo. Estamos en el mejor momento para luchar por tus proyectos. Si algo ha demostrado la crisis es que lo antiguo ya no vale: ahora hay que salir a conseguir las cosas. Es más jodido pero es mucho más emocionante. Siempre podemos echarle la culpa de nuestra situación a la casta política o a Wall Street, pero quejarse es demasiado fácil y no arregla nada. Si quieres algo de verdad, si lo deseas con todo tu corazón ¡Hazlo!
       Ahora mismo la mejor comedia de este país se hace en internet y en los teatros. Gente como Miguel Noguera, los Venga Monjas, Antonio González Vázquez, Álvaro Carmona, Ignatius Farray, los Haciendo la mierda, Rubén Ontiveros, El Hematocrítico, o Loulogio, son algunos de los mejores humoristas de este país, y si bien la mayoría ya han logrado vivir de esto, estoy convencido de que los demás acabarán lográndolo.


       Gracias a la serie, ahora nosotros también tenemos trabajo (y eso se lo debo a Vincent Finch, no la carrera universitaria, a la que lo único que le debo es NADA EN ABSOLUTO). Son varias las pequeñas productoras que nos han llamado para empezar a trabajar con ellas, y eso nos ha servido para ver qué se teje detrás, en el mundo de la tele. Y da mucho miedo. Da mucho miedo cuando las decisiones dependen de dinosaurios que solo apuestan por cosas que pueda entender tu abuela. Están todos cagados, paralizados, nadie sabe por dónde tirar y no se dan cuenta de que la solución está en apostar por lo nuevo y en las cosas que se están haciendo fuera. En España todavía no nos merecemos una tele mejor, porque tampoco la queremos ni la entenderíamos. Preferimos ver a gente saltando de trampolines o la cobertura mediática sobre la búsqueda del cadáver de una niña desaparecida. Somos lo que vemos y tenemos lo que nos merecemos. Y ahora más, con la crisis y la reestructuración de parrillas. 
       En la tele, en contra de lo que muchos piensan, las decisiones las toman 40 personas y pasan por 80 filtros. No hay un reducido consejo de sabios, sino una inmensa cadena de cientos de idiotas que han cometido el mismo error. Y nadie se levantará nunca y gritará "¿Pero nadie ve que esto es una mierda?". Ojalá pasase eso. Por eso muchas buenas ideas acaban convirtiéndose al final en mierdas como pianos. Si de algo entienden en la tele es de violar cosas. Eso les pone super cachondos.
       Nunca he querido ser provocador. Pero siempre he querido ser sincero con lo que hago, no hacer concisiones. Si algo me hace gracia, se queda en el guión. Ofenda a quien ofenda. Pero está claro que Vincent Finch jamás podría tener cabida en un canal generalista. Ya no solo por ese aspecto políticamente incorrecto, sino porque quizás una gran parte de la audiencia no simpatiza con los códigos del falso documental o con la nueva comedia. Ese es el verdadero problema.


     
       He rechazado varias ofertas para continuar con el personaje. Ofertas bastante jugosas para que hiciese una segunda temporada. Algunas, incluso, de tele. Pero siempre he hecho las cosas para mi mismo, y el único truco que conozco para que los proyectos salgan adelante, es que a mi me resulten emocionantes. Hago esto porque es lo único que sé hacer, pero también porque es lo que me hace feliz. Pocas cosas me llenan como lo hace escribir. Mis mierdas constituyen el único aspecto de mi vida en el que puedo ser yo al 100%, y son la única área en la que tengo plena libertad y poder de decisión. Y quiero que esto siga siendo así.
       Vincent Finch no supone ya un reto. Me he demostrado a mi mismo que era posible hacer un pseudo-The Office a la española, he contado ya lo que tenía que contar. Ahora toca seguir. El arte consiste en conocerse a uno mismo, y aun quedan muchas facetas personales que quiero explorar. Los nuevos retos son siempre más emocionantes, y despiertan mi interés con más fuerza que aquello que ya conozco. Aunque implique empezar constantemente de cero y tirar por tierra todo lo anterior, cambiar será siempre la única forma de evolucionar. La flexibilidad es una de las características que más valoro en un artista. Quiero demostrarme a mi mismo que puedo hacer otras cosas, echar la vista atrás dentro de unos años, y sentirme orgulloso de no haberme quedado donde estoy hoy.
       Claro que estoy muy contento con el resultado, pero no quiero pasarme toda mi vida dirigiendo, escribiendo, e interpretando Vincent Finch. Mis héroes son Trey Parker, Marilyn Manson, y Ricky Gervais, pero también lo son Woody Allen, Frank Miller, Christopher Nolan, Louis C.K., los Beatles y Sacha Baron Cohen. Gente capaz de hacer mil cosas en lugar de una sola. Defiendo mucho la idea de transformación, de metamorfosearte en lo que desees ¿Por qué ser una única persona cuando puedes ser las que quieras? Ser aquello que te dé la gana. Sin límites. Sin barreras. El arte es la forma más brutal de individualismo. Un solo hombre contra el mundo. No necesito normas. No necesito contentar a nadie. Solo quiero hacer lo que me hace feliz.



       Por último, gracias a mi equipo: Cristina Galán, cámara principal, co-realizadora, ayudante de dirección y brillante directora de fotografía; Martín Gómez, productor y cazafamosos; Carmen Romero, la desganada voz tras la cámara, autora de las geniales cabeceras e imprescindible apoyo moral; Jose Antonio Vélez, quién insufló resignación a un estoico Paco; Kevin Tuku, quién dio vida a un tierno e inolvidable Samuel (logrando además, ocultar su acento fuenlabreño); y gracias también a mi abuela y a mi hermano, quienes convirtieron a los personajes de Concha y Miguel en dos pilares imprescindibles del universo Vincent Finch.
       Pero gracias también a Dani Mateo, Víctor Mendoza, Guillermo Varela, Daniel Carmona, Javier Flores, Alex Odogherty, Francisco Pando, Rubén Ruiz, Pilar Ruz, Inés Martínez, María Callejo, Ricardo Chorén, el grupo 84, Martín Bello, Jesús Pino, Andrea Díaz, Rober Bodegas, Enrique Colinet, María Romero, Carlos Areces, el grupo Spindletop, Piti, Juan Paños, los chicos de Lag, Jose el del Tempo, Ignacio Pérez, y Joaquín Reyes. Pues sin ellos esto no hubiese sido posible. O sí, pero no hubiese molado tanto.


       No os preocupéis por Vincent Finch. El mundo sigue premiando a los cretinos, así que le irá bien. Puede que algún día, y no será hasta dentro de muchos, muchos años, retome el personaje. Me molaría una segunda temporada en el año 2024, con coches voladores, un Vincent Finch con entradas, y su hijo ya adolescente (bueno, olvida lo de los coches voladores). Pero ahora necesito enterrar al personaje, alejarme lo más posible de él. Creo que es lo más inteligente y lo más sano.
       Hoy se cierra una etapa en mi vida. Pero no me da pena que todo se acabe ya, porque hay muchos proyectos en el horizonte. Uno de ellos es una diarrea musical que verá la luz el próximo año. También estoy escribiendo la nueva serie, ésta para dentro de mucho más tiempo. De todas las cosas que he escrito hasta la fecha, creo que esa es de la que estoy más orgulloso. Es lo siguiente gordo, pero tardará un par de años en cocerse. Y entremedias espero continuar con el stand-up, alguna cosilla para Atresmedia, un libro, y varias cosas más. Y creo que hasta ahí puedo leer. El futuro no pinta mal. Creo que los próximos años van a ser especialmente emocionantes.

       David Suárez Varela (@DavidSuarez_V
       30/06/2014




22 junio 2014

25 claves para aumentar tu nivel de sexy-alidad


      

        Fincheeeeeeeeeeeeeeers!!! Joder ¿os imagináis que ahora empiezo a llamaros así? Que asco. Bueno, como ya sabréis, el próximo lunes 30 de junio me voy de Youtube, así que estos días he barajado muy seriamente la posibilidad de escoger un sucesor. Ya sabéis, alguien que herede mi reinado y me cuide un poco el cotarro. Un padawan. Alguien de confianza. Un candidato digno, a quien cederle mi canal, mi imperio, y mis redes sociales. Un aspirante a quien confiarle mis secretos cinematográficos, mi técnica para el éxito, y todos los trucos que necesita un ser humano medio para intentar ser yo. Algo así como lo que hizo Jesucristo con los apóstoles, o Batman con Robin, PERO COBRANDO.
En un principio pensé que hacer un casting para encontrar al nuevo Vincent Finch sería lo correcto, con pruebas muy estrictas y un montón de papeleo. Luego me sedujo más la idea de hacer una especie de campamento intensivo (como los scouts, pero en plan heterosexual), o incluso un concurso para dar con el sucesor más preparado. Todas esas eran ideas fresquísimas, pero pronto caí en la cuenta de que, por mucho que me empeñase, había una realidad innegable ante mis ojos: solamente Vincent Finch puede ser Vincent Finch.



Calma. Que no cunda el pánico. Lo que sí puedo enseñaros son unos pequeños trucos de belleza para que, aunque jamás lleguéis a alcanzar mi talento, al menos podáis intentar pareceros físicamente a mi ¡Algo es algo! No sé, desde un punto de vista objetivo, y no quiero sonar pretencioso ni nada, creo que si yo me viese a mi mismo así en una discoteca, me entraría. Eso creo yo. Así que llama a los feos de tus amigos y toma nota, porque estas son las 25 claves para aumentar brutalmente vuestro nivel de sexy-alidad. Aquí van:

En primer lugar, habla siempre en tercera persona y utiliza palabras inventadas como 'sexy-alidad'. Eso a las tías les flipa.
Si tienes la nariz muy larga o bulbosa, no pasa nada. La solución es, SIEMPRE, cocaína. En un par de añitos te afila la nariz que da gusto. "Es que no me atrevo", "Es que es una droga muy fuerte" ¿Qué prefieres, morir a los 27 años o parecer una puta estatua de Pascua toda tu vida? Pues eso.

Lo siento pero el blanqueamiento anal no vale de nada si no te depilas. 

El pendiente, IMPRESCINDIBLE. Tiene que ser algo que no lleve nadie, como una pieza de lego o un clip. Póntelo en zonas vírgenes en las que no lo lleven tus amigos (como el mentón o la nuca). 

¿Estás un poco fondón? Pues te compras una tenia, te la comes y en exactamente 22 días estarás estupendo. Si aún con esto sigues siendo una foca, siempre puedes tirar de Photoshop ¡Difuminado gaussiano en todas las fotos, y a triunfar en Badoo!

Hidrátate los codos. 

El calzado. Nada de mocasiones ni de calcetines largos, ahora se llevan las botas de Vegeta con el pantalón por dentro ¿Que eres heterosexual? Pues escoge entre convers, zapatos negros, o el calzado favorito del mendigo moderno ¡las Vans!

No compres en H&M, es ropa de Zara ya usada que la gente se deja en los roperos de las discotecas.

Las patillas siempre en pico, porque denota compromiso, y eso a las mujeres les encanta aunque sea completamente mentira. La cuadrada es más festiva, denota ser un faldas, un picaflor. Fuera. OUT.

10º Los calzoncillos, siempre slips negros. La tela está muerta desde 1879 ¡Ah! y si tienes algún calzoncillo de color carne, POR FAVOR, DEJA EL ORDENADOR AHORA MISMO y corre a quemarlo. Gracias.


11º Las camisetas siempre de pico (pero nunca más allá del pezón).

        12º No compres ropa de Desigual, que la mayoría de sus diseñadores tienen un grave problema de misofilia. 

13º Nada de ropa naranja ni amarilla (y rosa y rojo puñetazo en el ojo). No combines formas geométricas. Nada de leopardo (desde el miércoles de la semana pasada es chabacano). Los flecos aun se llevan, pero los volantes NO (y te hacen gordo). 

14º Píntate una peca en una nalga. A lo latino. A lo Antonio Banderas. 

15º ¿A qué debes oler? Pues a cualquier cosa que no sea vagina ¿Qué pasa si hueles a vagina? Pues que las mujeres sabrán que has estado con otras mujeres y dejaran de creer que ellas son princesas especiales e irrepetibles. En resumen, que no querrán tener sexo contigo. Así que nada de oler a coño, por favor.
16º En la cara hay que llevar algo que llame la atención: por ejemplo acné, o una perilla ¿Que eres imberbe? No pasa nada, te la pintas con un pilot o te pegas vello púbico, que de eso seguro que andas sobrado (una cosa: la barba de 3 días es super sexy, pero con la de un mes parecerá que vas disfrazado de Joaquín Phoenix; recuerda que la línea entre estar sexy y llevar un coño descuidado debajo de la nariz es muy delgada).



     17º Hazte con una buena mariconera. Pero nada de bolsos, que eso ya es de maricona mala ¡FUERA!

18º Es importante transmitir la sensación casual de no haberse peinado, como si tu pelo te diese igual ¿Pero en realidad te da igual? PARA NADA. Así que le das con secador. Huye de la cera, es malísima. Eso sí, en sitios de clima húmedo prepárate para estar horrible sí o sí. Yo ahí no puedo hacer nada, reina.

20º Recuerda que las orejas de soplillo siempre pueden disimularse con algo de cinta aislante.

21º Últimamente está muy de moda separarse los dientes, a lo Madonna. La operación son cerca de 1500 €. No compensa, no la pagues. Te pones una moneda de 1 € entre los dientes, golpe seco contra un bordillo, Y LISTO. Easy and cheap.

22º Intenta siempre que las tías de tu alrededor beban mucho y te verán un 25% más atractivo. 

23º Las chapas son imprescindibles. Lleva mínimo tres, y siempre de pelis y grupos que no conozca ni Dios. Las pulseras, SÓLO de lucha contra el cáncer o en defensa del derecho de las mujeres a lo que sea. Por cierto, si eres mujer, no te pongas la de cascabeles, porque haces un ruido espantoso cuando haces una paja.

24º El pote. Este será tu mejor amigo los jueves por la noche ¿Que te sale un grano? Lo corriges con pote ¿Que te sale un punto negro? Lo corriges con pote ¿Que eres muy feo? Joder, eso no tiene solución.

25º Hidrátate los codos (esta la he repetido porque es MUY IMPORTANTE).


¿Que más consejos puedo darte para estar más sexy cada día? No mezcles la cerveza con la comida, que engorda un huevo. No te muerdas las uñas, usa siempre lima (y come mandarinas para que te huelan bien los dedos). No fumes, que favorece la aparición de arrugas y puntos negros. No te duches tanto que total hoy tampoco follas. Repásate las entradas con una cera Manley negra. Come mucha zanahoria dos meses antes del verano para ponerte moreno natural y no tener que tomar las pastillas de betacaroteno (doy fe de que NO FUNCIONAN). 
¿Qué me decís? ¿habéis seguido ya todos mis consejos? ¿Tenéis ya un cuerpo diez y un aspecto post-cool? Pues ya sólo os queda la decadencia. La perfección es siempre un estado temporal, no lo olvidéis nunca.
Pero ¿y qué hacer si todo esto falla? FÁCIL: Poneros unas ray-ban de aviador que os tapen bien la puta cara. Son el recurso de los canis para que nadie pueda ver que la mayoría son más feos que mis cojones ¡Nos vemos el día 30!


07 junio 2014

"Quiero ser Youtuber" el hit del verano


       El 30 de este mes me voy para siempre de Youtube. Pero antes quería enseñaros un video en el que salgo haciendo el legado de Tibu. La cosa empezó cuando Concha me dijo que en Galicia había comenzado una moda que consistía enQUÉ VA, ni loco haría esa mierda. Vale, ahora fijaos en esta foto, fijaos en toda esa sexualidad rabiosa que irradio:


       ¿Lo habéis visto? ¿Habéis visto esos ojos de truhán, eh? En fin, lo que quería enseñaros es este poemita que he hecho sobre el mundo Youtuber. Lo suyo sería que alguien se animase a ponerle música, con un estribillo jugoso alabando mis logros. No sé, una cover sexy, algo que mole y que lleve mi nombre. Algo que podamos repartirnos entre los dos. Un trabajo en equipo. Un collage de talentos. Yo pongo la letra y vosotros el cántico. Bueno, ya sabes Weebos Zunder, a trabajar ¿vale?
        Aquí la letra del futuro hit del verano. Lo he llamado 'Quiero ser Youtuber', y algún que otro crítico de la Rolling Stone se ha atrevido a calificarlo como "el nuevo My Generation" o, incluso, "el himno de la juventud del siglo XXI". Enjoy:

"Anunciar Yatekomo
Pedir fotopenes
Tener el ego más grande que el ojete

Ser un tuitstar
Pedir un dale a like
Hacer un puto Draw my life

Ir a quedadas
Que vengan mojabrogas
bañarme siempre en leche de cabra

Retuit de AuronPlay
Camerino en la Youfest,
Empezar a hacer jodidos gameplays

Que fluyan las mamadas,
Una piedra a Dalas,
Gritar ¡Carapollen, por qué no te callas!

Abrirme cuenta en Ask
Lamer a KinkyHush
El Chico Morera me ha robao el avatar

Un fav de Vigalondo,
Mejor de Anselmo el Ñordo,
Como tendrá Bollicao el coño?

Reto de la canela
El Rubius me la pela,
Follarte al gordo de Haciendo la mierda,

Go Ibiza Go
Un saludo Salvador
Te faltan varios cafés puto Lou

Hacer un tutorial,
Un besito Iker Plan,
Rush Smith no tiene ojete, tiene un volcán

Viva Venga Monjas
Marcarse la del partner,
like si vienes por tu puta madre,

Michael Bay es Mayorcete,
Haplo Schaffer es rarete,
Quiero un giff con mi cara en APM

Te quiero Bertín
Puto Valentí
No te enfades si no sales aquí

Koala rabioso,
RT Querido Antonio
Mangel dime quién te vende el costo

Hola EDDisplay
Un mongoreplay
Mario Dickstroy pa mi que es gay"

       No sé, un par de coros, algún bis, un videoclip con alguna negra culona, y esto se convertirá en LA CANCIÓN. Y es toda vuestra. A por ella.